Tuesday, October 30, 2012

Crítica de El profesor (Detachment) | La Casa de los Horrores ...


El profesor Detachment

En algún momento de su vida, Tony Kaye se creyó el aleccionador definitivo del espectador. El denunciante por antonomasia en el cine norteamericano. Y como el público le rio la gracia, se ajenció el sambenito y desde su debut hasta ahora, los humos no se le han bajado. Insisto, la culpa es nuestra (entiendo por nuestra el colectivo de gente que va al cine), por hacer de la correcta y poco más American History X una suerte de himno generacional. Aquella intensa pero simplona, distorsionada, imposible y manipuladora lección de humanidad le funcionó tan bien que aquí sigue, documental sobre el aborto y drama (jamás estrenado) sobre un drogadicto después, volviendo a presentar otra lección sobre la vida, igualmente tramposa y demencial. Erre que erre. Sólo que esta vez, El profesor es casi una exageración manifiesta de su estilo efectista y discurso hiperbólico (claro que aquí, la culpa se reparte con el guionista Carl Lund), cambiado de contexto (antes nazis, ahora colegios norteamericanos) y con reparto nuevo. Una nueva muestra de vulgaridad y banalidad disimuladas mediante un par de eslóganes vistosos que, de momento, ya ha conseguido su objetivo de encandilar al espectador más impresionable (en los cines en que ya ha sido estrenada). O sea, que la culpa, una vez más, será nuestra. Pues no señor, esta vez ya no cuela.

Ya no cuela ese estilo formal cambiante, de falso documental embellecido (o así), que en medio de un argumento plausible (en teoría, al menos) plasmado con la crudeza de una puesta en escena descuidada y una cámara digital temblorosa y con continuas correcciones de enfoque, intercala testimonios de profesores reales en blanco y negro, falsas entrevistas al personaje principal mirando de frente al objetivo, primeros planos aleatorios y fugaces zooms a las caras de alumnos en edad complicada... No, cuando para lo único que sirven es sacarle brillo a la figura de su director, encantado de conocerse, a costa de desconcertar al espectador. Espectador a quien a poco que preste atención en dónde pisa, a poco que no se conforme con las cuatro quejas de patio de colegio que le escupan a la cara y quiera ir algo más allá, le será imposible entrar en una película que ni siquiera parece molestarse en buscar ese todo (aka drama demoledor hiperrealista) que debería resultar de la suma de sus partes (aka todos los elementos que en teoría despiertan en el público una empatía desatada).





Vamos, que El profesor acumula a nivel visual y auditivo (esas melodías melosas...) todo fuego de artificio que uno pueda imaginar, siendo drama, thriller, denuncia, documental y cine indie a la vez (oh, sí, incluye animaciones aquí y allá para hacer hincapié en los pensamientos reales de este o aquel personaje, y filmaciones en Super 8 para las evocaciones del pasado). Mil y un mutaciones, para contar una historia igualmente desconcertante, que navega por dos aguas sin acabar de decantarse por una u otra corriente. Lo dicho, todo lo que ocurría en American History X, elevado a n. En el caso que nos ocupa, no son pocas las veces en que de una sobriedad rigurosa, similar tanto a La clase de Cantet como al Elephant de Vas Sant (esos planos en los pasillos vacíos de un colegio no creo que sean gartuitos) se pasa a un drama casi folletinesco con alumnas enamoradas de profesores, jóvenes prostitutas necesitadas de segundas oportunidades, docentes salidos totalmente de madre, y díscolos afroamericanos (¡cómo no!) respondones. Demonios, ¡si hasta tiene momentos-videoclip! Del realismo a Mentes peligrosas, sólo que con Brody en lugar de Michelle Pfeiffer.

Y aquí tocamos hueso: repartazo de lujo para personajes esperpénticos, meras marionetas para seguir tirando de recurso fácil a la hora de calar hondo con sus discursos. Ejemplo uno, el protagonista; un profesor paciente, buena persona, con pasado traumático y familiar con Alzheimer, con apenas puntuales conatos de ira rápidamente compensados con gestas de buen samaritano. Ejemplo dos, el profesor pasadísimo de rosca que para decirle a una alumna que se tape le muestra (y muestra a la cámara) el primer plano de una vagina con gonorrea, o el que espera que alguien se fije en él demostrándole así que no es invisible. Y ejemplo tres, el grupo de alumnos en general, a cuál más encorsetado en los clichés de toda la vida (ojo al mini-spoiler: es justamente el de color quien confiesa que el día en que el profesor se vaya, le echarán de menos. Pañolada). Por este campo de minas deambulan James Caan, Christina Hendricks, Lucy Liu, Bryan Cranston (apenas unos segundos) o Marcia Gay Harden. Y por este campo de minas despunta la mejor versión de Adrien Brody desde el pianista. Qué desaprovechado.


El profesor Detachment



Desaprovechado porque de El profesor apenas se pueden rescatar un par de momentos genuinamente intensos, en medio de esta fragmentaria historia disfrazada de realista pero plagada de lugares comunes desfasados, vergonzosos fuegos de artificio made in Hollywood, y burdos esfuerzos por robar lágrimas aplicados donde no toca: atención a la pregunta ¿abierta? de uno de sus personajes, o al novedosísimo devenir de la niña artista, pero gordita y siempre maltratada por la vida. Personajes imposibles, relaciones personales exageradas, escenas de un gratuito que asusta, y un final que pone en el disparador no hacen sino remarcar el disrcurso maniqueista, desvirtuado y excesivo de un cineasta que parece creerse por encima del bien y del mal, y tener la suficiente entereza como para aleccionar a su público olvidándose de que para conseguirlo, lo primero es no tomarle por tonto. Si es que nos lo tenemos merecido...

4/10

Por Carlos Giacomelli




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Source:


http://www.lacasadeloshorrores.com/2012/10/critica-de-el-profesor-detachment.html






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